Hace un tiempo atrás fui al cine a ver una película de un mago inglés adolescente que usa anteojos redondos y una varita (creo que se capta la idea…no pondré el nombre porque o si no llegarán fanáticas a leer un post que no tiene nada que ver, por lo menos directamente, con la película en cuestión). La disfruté, era entretenida, tenía buen motaje, efectos y fotografía, listo. El problema sucedió cuando entró en escena el “malo” de la peli. Si, aquel sujeto rubio y… malo (aunque en la película fuera más víctima de las circunstancias que otra cosa). Bueno, de pronto y sin saber el motivo me sentí algo incómoda (y no precisamente por ser bastante grandecita para ver una película así, que vamos, estaba lleno de vejetes como yo!) pero no le dí muchas vueltas, me dediqué a ver la peli, que a eso fuí al cine.
Pero cuando salí y me dirigía al depto lo entendí todo. Fue como si retrocediera un par de años a la época escolar-adolescente y lo viera frente a mí…sí, al sujeto de mis pesadillas. Era demasiado parecido a DM (el malo), solo que mi demonio personal tenía ojos café, lo que lo hacía más extraño si consideramos la rubia y oxigenada cabellera (natural a todo esto, no como el actor). El sujeto en cuestión era malo, molestaba a todo el mundo, era cruel, contestarario, violento y lo peor de todo, le daba igual el mundo y a la vez nadie se preocupaba de él (yo creo que hasta sus papás le tenían mala), o sea, más peligroso que mono con navaja.

El sujeto en cuestión era como una versión escolar-soft del innombrable
No recuerdo que me dijera algo ofensivo directamente a la cara, pero siempre estaba ahí, donde menos lo imaginabas y listo para hacerte la vida imposible…pero su especialidad era la no-agresión fisica directa, es decir, el bulling sicológico y la propagación de información difamadora, de modo que su actitud se contagiaba a la mitad del colegio con una rapidez impresionante. El sujeto se dedicaba a hacer miserable al resto y con ello intentar sentirse mejor, como si de pronto el hacer sentir mal a alguien por cosas que no controla facilmente, como su apariencia, intelecto o cosas así, lo hicieran sentir menos miserable. Ahí radicaba mi miedo, no sólo porque cuando se ensañaba con alguien no lo soltaba hasta verlo destruído, sino que sentía que si me consideraba como “molestable” me haría pedazos y mi fortaleza se esfumaría.
Después de unos tres años se fue (o lo expulsaron, no recuerdo) y no lo ví más… creo que por eso me costó identificar el por qué de mi malestar en el cine. Sin embargo, cuando estaba haciendo estupideces y haciendo quedar mal a las personas que tenían la mala suerte de encontrarse con él, se podía percibir su mala onda con el mundo en general, se sentía el abandono del que era víctima, del desamor de sus papás, que parece estaban más preocupados por aumentar su patrimonio que en lidiar con un hijo problema. No sé que habrá sido de él, pero espero que donde quiera que esté sea un sujeto feliz, tanto por su bien como por el de los demás.
Debe ser difícil no ser querido, no sentirse querido. Creo que a todos nos ha pasado alguna vez, aunque haya gente que de hecho sí nos quiera…no puedo creer que después de ver HP, una película 100% evasiva, haya recordado tanta lesera junta!
Nota: a todo esto, el nombre del actor que interpreta al malo en HP es el mismo del malo de MI película personal… demasiada coincidencia, ya no sé qué pensar.